Año: 1969
Duración: 90 minutos
Dirección: Aldo Francia
Guión: José Román y Aldo Francia
Fotografía: Diego Bonacina
Montaje: Carlos Piaggio
Sonido: Jorge Di Lauro
Música: Gustavo Becerra
Interpretes: Sara Astica, Hugo Cárcamo, Arnaldo Berríos, Jesús Ortega, Claudia Paz, Raquel Toledo, Oscar Stuardo, Rigoberto Rojo, Liana Cabrera
Sinopsis
El jefe de hogar de una numerosa familia de escasos recursos caerá preso luego de ser sorprendido robando para poder alimentar a sus seres queridos. Su actual mujer (es viudo) no sólo tendrá que hacerse cargo de mantener a los hijos de él con su escaso sueldo, sino que deberá impedir que caigan en un mundo delictivo al cual parecen destinados.
Reseña
Aldo Francia nace en 1923 en Valparaíso. Sería el puerto uno de sus motivos recurrentes en sus dos largometrajes, pero también en todas sus iniciativas ligadas al cine. Su mirada social lo lleva a estudiar Medicina, especializándose en los más indefensos: los niños. Se titula como Pediatra en 1948, profesión que desarrolla a la par con su afición al cine. En los cincuenta viaja a Europa y se maravilla con el cine neorrealista, y es ahí donde asimila el rol del cine como discurso social.
Comienza realizando filmes muy modestos en 8mm, lo que lo lleva a fundar el Cine Club de Viña del Mar, donde reúne a los entusiastas del séptimo arte de la región.
Posteriormente crea el Festival de Cine de Viña, que pasaría de ser amateur a profesional, convirtiéndose en la punta del Nuevo Cine Chileno al programar cuatro filmes clave del periodo: Caliche Sangriento, El Chacal de Nahueltoro, Tres Tristes Tigres y Valparaíso mi Amor, la que sería también su primer largometraje. Además reúne por primera vez a cineastas de toda Latinoamerica, exhibiéndose juntos filmes Argentinos, Cubanos, Brasileños, Venezolanos y Bolivianos
“Valparaíso mi Amor”, de 1969, es una obra clave y fundamental de nuestra historia audiovisual. Fotografiada de manera impecable por Diego Bonacina, argentino radicado en Chile, realiza una lectura de un puerto alejado de la tarjeta postal, sucio, violento y tremendamente injusto. Largas secuencias de cámara en mano, planos desde los ascensores, y un Valparaíso laberíntico hacen de su primera película un crudo relato nunca antes visto de la ciudad declarada hoy como Patrimonio de la Humanidad. La historia coral de una familia que se ve inmersa en una espiral de decadencia tras la detención del padre por tráfico de carne, es más contemporánea que muchas piezas filmadas hoy.
