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Archive for the ‘Reseñas Cine Chileno’ Category

no-olvidarEl año 1979 yo estaba en la Escuela de Cine, en la EAC de la Universidad Católica, y estaba muy interesado en lo que pasaba en Chile, en la resistencia, y supe de una romería a los hornos de Lonquén que haría la Vicaría de la Solidaridad, y que consistía en ir a los hornos y hacer una liturgia. Fui a Isla de Maipo y desde allí caminamos una hora hasta Lonquén, había mucha gente y fue la primera vez que yo vi a los familiares de los detenidos desaparecidos con las fotos de sus deudos colgadas en sus pechos. Muchas mujeres de edad, madres. Fue un día domingo, día de sol, de campo, día precioso a finales de la primavera. A mi me llamó mucho la atención aquella marcha, ya que en el año 79’ era una marcha muy metafórica, porque iba un grupo de gente que representaba un problema nuevo en Chile, el asesinato por parte de agentes del Estado. Entonces esa marcha iba en la dirección contraria a la que iba el país. Era el tiempo del schock económico, de la apertura de las importaciones, entonces estaba todo el mundo muy fascinado con las nuevas posibilidades del consumo, la palabra consumo aparecía, el crédito, el tener cosas, tener cosas. Entonces el país iba en una dirección de milagro económico, de fascinación por los objetos de consumo, y esta marcha iba en la dirección contraria. Y estando ahí en la romería, me presentaron a la familia Maureira, que había perdido a cinco de sus miembros, la mamá perdió a su esposo y a cuatro de sus hijos, imagínate el drama de esa mujer. La conocí a ella y supe que ella iba todos los domingos a poner flores en los hornos, entonces los hornos se me figuraron como una animita gigante de Chile, una animita símbolo. Entonces aparte de la imagen de la animita, la imagen de una familia que iba en el sentido contrario a la marcha del país fue lo que me interesó tener. Yo no tenía la idea de hacer una película, me interesaba tener esa imagen de una familia que iba en el sentido contrario. Convencí a la familia y filmé es caminata. Fue una filmación de día domingo. Un mes después de aquella filmación dinamitaron los hornos, yo lo vi en el diario La Segunda, y me pareció tan evidente que era un tema de memoria, era una acción para borrar lo que allí había ocurrido, era una censura a los hechos. Cundo vi ese titular en el diario me dije que tenía que hacer una película que fuera vista y que quedara, Entonces me puse a hacer una película en torno a los hornos, sobre los Maureira y las otras familias. Filmaba muy de a poco, me demoré más de un año, con el objetivo de retener esa imagen en una película.

Luego me puse a montarla de manera semiclandestina, muy en secreto. Yo trabajaba en publicidad, metido en este asunto del consumo a mil, era un factor del consumo. Yo filmaba muy para callado, nadie sabía salvo mis amigos Marco de Aguirre, el sonidista, y Cristián Lorca, en la cámara. Nosotros tres éramos el equipo, y nos pusimos “Grupo Memoria”. La cámara era la de la productora publicitaria de Arnaldo Valsechi, entonces yo sacaba su cámara sin contarle a él, nunca supo, y revelábamos en Gamma, haciendo el montaje en secreto en la moviola de Valsechi, en las noches y fines de semana, rogando porque Arnaldo no apareciera de imprevisto, lo que nunca ocurrió. Pero trabajaba con nerviosismo, con miedo, y filmábamos con miedo también, porque si nos preguntaban que hacíamos era difícil que las respuestas se sostuvieran, ya que filmábamos sobre una matanza en tiempos de represión muy dura.

Yo era militante del Mapu, y el año 81’ gente del Mapu me consiguió financiamiento para terminarla en Europa, a través de una organización que se llamaba AIDA, Asociación Internacional de Defensa de los Artistas. Apoyaron esta película y logramos sacar el material hacia Ginebra, y lo hicimos de una manera muy sencilla, echando todo los negativos en una maleta, y todo el material de montaje para terminar el montaje allá, en una maleta muy pesada que sacamos por el aeropuerto. Era muy sospechoso, pero lo logramos. Con Marco de Aguirre nos embarcamos hacia París, y nos alojamos en la casa de Jessica Ulloa, la cual era un centro de activismo. Teníamos que ir a Ginebra en donde teníamos alojamiento y una moviola destinada a nosotros. Ahí pudimos trabajar tranquilos, pero igual para callado. Cuando teníamos el montaje listo teníamos dos posibilidades: ir a Zurich a un laboratorio destinado por AIDA, pero con Marco preferimos ir donde nuestro amigo Fernando Valenzuela que trabajaba en CineCitta en Roma, trabajando los últimos toques de montaje con él. Pero en el trayecto del tren entre Ginebra y Roma tuvimos un percance que pudo haber sido dramático: la maleta fue bajada en la frontera entre Suiza e Italia sin que nosotros supiéramos. Entonces nos bajamos del tren y nuestra maleta no estaba, con todos los negativos, todo el montaje, y llegamos a Roma sin nada que hacer, y tuvimos que entrar en la burocracia romana. Íbamos todos los días a una oficina ferroviaria antigua a preguntar por nuestra maleta, y la respuesta era que no se sabía nada, que no había llegado nada, y así pasaron los días y las semanas. Era angustiante. Finalmente llegó la maleta y fuimos a Aduana. Yo había hecho la maleta con la mentalidad del secreto, colocando ropa sobre los negativos. La funcionaria de aduana abre la maleta y levanta las camisas y ve hay unas cosas raras debajo, por lo que requisó la maleta. Era un drama increíble lo que vivíamos, no sabíamos que hacer, podíamos perder la película para siempre. Marco de Aguirre contactó a una italiana comunista que nos ayudó mucho y llegamos a hablar con un jefe de ferrocarriles, y tenía muchas fotografías de aviones, por lo que pensamos que podía ser ex oficial, por lo que no nos atrevíamos a contarle. Hasta que decidimos contarle la verdad, porque la única manera en que podíamos resolverlo era que nos ayudara por el lado emotivo, o solidario. Y le contamos que eramos resistentes chilenos que teníamos una película sobre una matanza hecha por Pinochet y que teníamos que terminar la película. El tipo escuchó esto, llamó a aduana y soltaron la película, lo que fue una suerte porque pudo ser al revés. Fue más de un mes de espera en Roma, de ahí nos fuimos a Cine Citta con Fernando y terminamos la película. Los negativos quedaron allá guardados, con otro nombre. Cuando la película estuvo terminada me traje una copia escondido y la deje en París para que alguien la trajera a Chile, pensando que la iban a traer por una vía especial, pero quien la trajo fue Magali Meneses, quien corrió el riesgo y la trajo en su maleta. No la revisaron y pasó. Así entro la película. Esto fue el año 1982 y lo que hice yo fue empezar a darla mucho, a exhibirla. Me compré un proyector 16mm para proyectarla en sindicatos, juntas de vecinos, centros culturales en poblaciones, iglesias. La habré dado unas doscientas veces yo solo, era muy bonito, todo para callado, la película no tenía existencia oficial.

Yo decidí desde el principio usar otro nombre en los créditos de la película, porque no me atrevía a poner el mío, y Pedro Meneses era un amigo mío, que es uno de los campesinos asesinados de Paine.

Llegó el año 1984 y llegaron las protestas, todo el mundo se envalentonó, la gente supo que había una mayoría contra el régimen, se podía percibir. Ahí nos envalentonamos y nos atrevimos a presentar la película a la censura, para que tuviera una sanción oficial.

Estando la película en la censura la secretaria del Consejo Eliana Espinoza me llamó por teléfono para decirme que habían ido del Ministerio del Interior para llevarse la película, porque el ministro Sergio Onofre Jarpa quería verla. A mi me eso me dio mucho miedo, porque si podían ir a buscar la película también podían ir a buscarme a mi, así que me escondí por un tiempo y llamé a un amigo abogado que era de la Vicaría de la Solidaridad, Francisco Justiniano, quien presentó un recurso de protección, señalando que el Consejo de Calificación Cinematográfica estaba violando la ley porque no sancionaba la película. Fuimos a hablar con el Subsecretario de Educación y Presidente de la Censura, le señalamos que habíamos presentado el recurso y queríamos que el Consejo la sancionara, y el dijo que no porque él la había visto y era un montaje, era todo armado. Lo interesante es que la justicia lo obligó a conformar sala, y la sanción fue para mayores de 18 años.

Hicimos un estreno en la sala Ictus, invitamos a mucha gente de las organizaciones del mundo de los derechos humanos, del mundo político, fueron tres funciones a teatro lleno, fue un pequeño acontecimiento, era una película muy antisistema, muy disidente, muy resistente. Además en esa época se hacían muy pocas películas. Fue muy bonito.

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1988 es un año clave en la historia política de Chile. El 5 de Octubre se celebrarían unos comicios en donde el país debía decidir si el régimen militar continuaba o no en el poder.

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La opción SI significaba la mantención del régimen, pero esta vez validado por la vía de las elecciones, con Pinochet como gobernante elegido democráticamente.

campana-no-150x1501 La opción NO significaba el rechazo a la opción de Pinochet en el poder, y la posibilidad de realizar comicios libres entre una serie de candidatos a la Presidencia de la República.

Ese mismo año se “estrenarán” en nuestro país dos producciones cinematográficas que capturan lo sucedido durante el régimen militar, lo cual las llevará a sufrir una serie de restricciones por parte de la Censura. Estas películas son “Cien Niños Esperando un Tren” de Ignacio Agüero e “Imagen Latente” de Pablo Perelman.

cienninos“Cien Niños Esperando un Tren” es el tercer documental de Ignacio Agüero, quién antes había realizado “No Olvidar” (1982) y “Como me da la Gana (1985). Agüero inicia su trabajo fílmico en plena dictadura, luego de obtener en 1979 su título de director artístico con mención en cine en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica. Participa como ayudante de investigación en el libro “Re-visión del Cine Chileno” (1979), escrito por su profesora Alicia Vega. También es ese año comienza a filmar los hornos de Lonquén, en donde habían sido encontrados los restos de varios detenidos desaparecidos. El resultado de estas filmaciones será el documental “No Olvidar”, el cual firmará bajo el seudónimo de Pedro Meneses para así evitar posibles represalias del régimen. En 1986 estrena “Como me da la Gana”, compendio de las realizaciones de cine chileno realizadas en 1985, en donde Agüero visita los rodajes de las películas para interrogar a los directores de las mismas.

En 1987 filma todas las sesiones del taller de cine para niños que imparte Alicia Vega en la población Lo Hermida. El resultado de este proceso será “Cien Niños Esperando un Tren”, el cual le confiere a Ignacio Agüero el reconocimiento internacional, obteniendo su filme diez premios, incluyendo Mejor Documental en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y el John Grierson Award. La pasión por la enseñanza de Alicia Vega se despliega ante nuestros ojos de manera directa, siguiendo paso a paso el aprendizaje del cine por parte de niños de escasos recursos. Será esta posibilidad de aprender no sólo de los niños sino que también sus familias lo que vuelve a “Cien Niños Esperando un Tren” un relato sobrecogedor. Lamentablemente el gobierno militar no opinará lo mismo: la película será calificada para mayores de 21 años por el Consejo de Calificación Cinematográfica, lo cual hacía que los propios protagonistas no pudiesen verse en el cine. Esto no impedirá que se formen largas filas al momento de su estreno en los cines El Biógrafo y Cine Arte de Viña del Mar, convirtiendo a la película en un éxito de público y crítica.

Si la película de Agüero tuvo problemas con la censura, el caso de Pablo Perelman es aún más dramático.

imagen-latenteRealizada en plena dictadura militar, “Imagen Latente”, segundo largometraje de Pablo Perelman, aborda parte de su propia biografía. Luego de co-dirigir junto a Silvio Caiozzi “A la Sombra del Sol” (1974) Perelman emigra a México, en donde se convertirá en un destacado montajista. De vuelta en Chile Perelman filmará esta historia íntimamente ligada a su propia vida, ya que también sufrió la desaparición de su hermano por parte de agentes de seguridad del Estado. La película narra la historia de Pedro, un fotógrafo que busca la verdad sobre la muerte de su hermano detenido desaparecido, para lo cual reconstruirá paso a paso su vida y las circunstancias de su detención.

Aprovechando la popularidad de una serie de rostros televisivos filma en exteriores tal como si se tratase de escenas para una telenovela. Sin embargo el filme está lejos de ser eso: “Imagen Latente” es la película de ficción más explicita en cuanto al desarrollo de los atropellos a los derechos humanos realizados bajo el régimen militar, con el agregado de no haber sido realizada en el exilio. Esto le significó su prohibición por parte del Consejo de Calificación Cinematográfica en 1988, señalándose que el filme promovía “la vigencia de la teoría de clases”. Esto desencadenó una serie de protestas gremiales y el retiro de los tres periodistas que conformaban dicho consejo. La prohibición no impidió la circulación de copias masivas en vhs para su exhibición clandestina, además de un gran respaldo internacional, lo que redundó en la participación de numerosos festivales internacionales y la obtención de distintos galardones.

Aquel 5 de Octubre el país decidiría la opción NO, marcando el fin del régimen militar y el inicio de la transición democrática.

Así en 1990 asume la presidencia Patricio Aylwin. La vuelta de la democracia traerá consigo la recalificación de ambas películas, quedando “Cien Niños Esperando un Tren” para todo espectador e “Imagen Latente” para mayores de 21 años.

Ambas películas se encuentran disponibles en Video Clubs. Los invitamos a arrendarlas.

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